Grita
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Saviano rinde homenaje a personas ejemplares que se han enfrentado a la injusticia y la tiranía.
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Descripción
¿Qué tienen en común Hipatia, Giordano Bruno, Émile Zola, Martin Luther King y Anna Politkóvskaya? Que todos ellos, cada uno con sus herramientas, lucharon contra la injusticia. Levantaron la voz y gritaron su protesta. Algunos lo pagaron con la vida.
Roberto Saviano sabe de lo que habla: vive amenazado por haber denunciado a la mafia. En este libro retrata no a santos impolutos, sino a personas con sus debilidades, equivocaciones y miedos, que decidieron no callarse. Figuras históricas como la poeta rusa Anna Ajmátova, que alzó la voz contra el tirano Stalin, y Robert Capa, que con su cámara plasmó los horrores de la guerra. Periodistas que pagaron con la vida sus denuncias como Politkóvskaya, Jamal Khashoggi o Daphne Caruana Galizia. También la superviviente italiana del Holocausto Settimia Spizzichino, la monja Francesca Saverio Cabrini, el poeta chino Xu Lizhi o el consultor tecnológico Edward Snowden…
Habla además de figuras históricas cuyo compromiso político marcó sus vidas y sus muertes, como Jean Seberg o Pier Paolo Pasolini, y de víctimas que provocaron revueltas y cambios, como el afroamericano George Floyd. Pero retrata también a algunos monstruos, como Joseph Goebbels o Kantano Habimana, aquel miserable locutor ruandés que con sus arengas lanzadas desde las ondas alentó el genocidio en su país.
Por otra parte, analiza los abusos del nefasto periodismo de paparazzi digitales que saca a la luz intimidades para hundir carreras y prestigios, como es el caso de la ya clausurada web estadounidense Gawker, que desveló la homosexualidad de Peter Thiel y publicó el vídeo de una infidelidad de Hulk Hogan. O el caso de aquel video íntimo de la viceministra de Juventud de Costa Rica, Karina Bolaños, que alguien filtró para avergonzarla y apartarla de la política…
Dice Saviano en el arranque de este estimulante libro, acompañado de ilustraciones de Alessandro Baronciani, que «las historias que voy a contarte, si sabes leerlas, podrán servirte de escudo, incluso de munición, una munición particular que da vida en lugar de quitarla. Considéralo el regalo de un amigo, de un superviviente, o una linterna (…) No es puro el corazón que siempre se esconde, se protege, se hurta al error, nunca se contamina con nada, nunca se ensucia, se mantiene siempre virgen. (…) Puro es el corazón que se la juega siempre. Tú grita que late. ¡Grítalo fuerte!»
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