La peste escarlata
$21.900
Un clásico memorable sobre la fragilidad de la civilización, que inauguró el género de novela de catástrofe.
Un relato postapocalíptico, pionero en el género, en el que la humanidad se hunde en la noche primitiva, que deja huella en libros tan notables como como La Tierra permanece (1949), de George R. Stewart, y La carretera (2006), de Cormac McCarthy.
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Descripción
En el año 2013, apareció por primera vez en la ciudad de Nueva York la «peste escarlata», una implacable epidemia mucho más mortífera que cualquier otra conocida. Tras la aparición de los primeros síntomas —la erupción escarlata en rostro y cuerpo—, el infectado podía durar apenas una hora. Los humanos morían como moscas en ausencia de una cura, y el vano éxodo de la civilización vació las ciudades devastadas por el pillaje, los incendios y la violencia. Muy pocas familias lograron escapar del contagio, y la población mundial quedó reducida a pequeñas tribus que apenas sumaban unos cuarenta individuos. Mientras el caos se apodera de las costumbres y la cultura, la vegetación se extiende cubriendo con su verde manto los vestigios de una civilización y las fieras recorren a sus anchas los senderos, bosques y playas. Sesenta años después, el anciano James Howard Smith, antiguo profesor de literatura en la universidad, narra a unos jóvenes asalvajados las catastróficas consecuencias de la «peste escarlata» en un intento de transmitirles breves recuerdos de un mundo que ya nadie recuerda. Las visiones de un pasado idealizado —una época dorada en que los seres humanos iban a la escuela, eran propietarios de todas las cosas y dominaban sobre la naturaleza— contrastan con el paisaje pesimista de los nuevos hábitos de la pequeña población, que desconoce el jabón, caza para sobrevivir y adorna su cuerpo con osamentas de cadáveres afectados por la peste. Mientras hace treinta años los supervivientes pedían al viejo Smith que les repitiera una y otra vez la historia del cataclismo, ahora su testimonio no parece interesar a nadie. Los muchachos, que desconocen el significado de palabras como «dinero», «mayonesa» o «ser humano libre»— y apenas hablan con monosílabos y oraciones simples, intentan seguir las historias del viejo, siempre incrédulos ante la idea de que unos pequeños seres microscópicos pudieran acabar con la vida de millones de personas.
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