Crónica de una muerte anunciada
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«El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros».
Sin existencias

¿De quién es la culpa?
16 poemas
Cachorros y Cachorros
¡Oh, esto parece el paraíso!
Mandela. Novela gráfica
1985 

